25/06/2026
El ritual
Un conocido antropólogo (J.M. Fericgla) explica que la falta de rituales, de los ritos de paso y la ritualidad en la vida colectiva, de alguna manera, nos desconecta de la vida humana, incluso la designifca. No nos ayuda a procesar las grandes transiciones de la vida y caemos en cierta desorientación.
El ritual deviene una tecnología social y psicológica necesaria. La repetición de un rito nos saca de nuestra inercia, el individuo aislado se transforma en un ser integrado en una comunidad y nos ayuda a abrir y cerrar etapas.
Por ejemplo, las características de una ceremonia del té nos ayudan a tener presencia en el aquí y ahora. La entrada a la sala de té mide apenas un metro de alto. Todo el mundo, sea un rey o un campesino, debe agacharse y entrar de rodillas. El estatus social se queda fuera; el orgullo se rompe antes de empezar.
Cada movimiento del maestro (limpiar el cuenco, batir el matcha, servir el agua) se realiza con una presencia total. Al enfocar toda la consciencia en el objeto y la acción, la mente parlanchina (radio sapiens, le dicen) se apaga. Dejas de pensar en "ti" para ser solo el acto de servir.
En el mediterráneo, el acto de comer juntos y de celebrar, parece que se ha vulgarizado, normalizado por repetición y menospreciado por cercanía, prisas y podríamos decir, falta de autocuidado.
El objeto puede tener una función ancladora del ritual. Todos lo hemos hecho, poner un mantel bonito para una celebración, las copas finas, utilizar alguna vajilla heredada que nos conecta con un antepasado, pasar por nervios para que todo vaya bien y no nos descuidemos de algún detalle.
En definitiva, lo extraordinario en lo ordinario.