10/26/2026
Después de este tiempo tan significativo en Washington, regreso con una misión aún más firme en mi corazón: levantar nuestra voz en oración por el futuro de nuestra nación.
Como hijos de Dios, no podemos permanecer indiferentes ante lo que está sucediendo. Es tiempo de salir de nuestras cuatro paredes, llegar a las calles y proclamar con valentía la Palabra de nuestro Rey de reyes.
La Iglesia necesita despertar, unirse y comprender la responsabilidad espiritual que tiene en este tiempo. Somos un solo cuerpo, una sola Iglesia, y no podemos permitir que nuestras diferencias, nuestros discursos o las discusiones sobre quién tiene la razón nos distraigan de nuestra verdadera misión.
Mientras nosotros debatimos entre nosotros, nuestra nación enfrenta grandes desafíos y vemos cómo se levantan ideologías y principios que no necesariamente representan los valores y las convicciones sobre los cuales hemos edificado nuestra fe.
No se trata de imponer nuestras creencias, sino de defender con firmeza nuestra libertad de fe, nuestros principios y el derecho de proclamar la verdad que creemos, siempre con respeto y amor.
¡Iglesia, abramos nuestros ojos! Es tiempo de dejar a un lado las divisiones, unir nuestras voces, doblar nuestras rodillas y salir a nuestras comunidades. Nuestra nación necesita una Iglesia presente, comprometida y dispuesta a ser luz en medio de la oscuridad.
¡Es tiempo de unidad, de oración y de acción! Que nuestras diferencias no sean más grandes que la misión que nos une.
¡Que Dios bendiga esta nación!
Con amor y respeto
Donna Miranda